Crónica Histórica del Solar de Casasoá

El Coto de Casasoá: Ocho siglos de Historia, Señorío y Memoria

Archivo Histórico del Solar de Casasoá • Investigación basada en documentación medieval y estudios académicos

Hablar de Casasoá significa adentrarse en una historia que trasciende ampliamente la de un simple pazo gallego. Nos encontramos ante uno de los pequeños señoríos rurales cuya continuidad documental permite seguir, casi sin interrupción, la evolución de una institución nacida en la Edad Media y superviviente hasta la desaparición legal de los señoríos jurisdiccionales durante el siglo XIX.

Durante siglos, el Coto de Casasoá constituyó una jurisdicción propia dentro de la antigua Tierra de Penafiel, ejerciendo competencias civiles, económicas y administrativas sobre su reducido territorio. Su importancia no radicó nunca en la extensión de sus dominios, sino en la continuidad de su existencia, en la conservación de su archivo y en la permanencia del Solar como núcleo histórico de la Casa.

Gracias a los pergaminos conservados por la familia y al estudio realizado por el medievalista Francisco Javier Pérez Rodríguez, hoy conocemos con bastante precisión el desarrollo histórico del señorío desde sus primeras referencias documentales hasta la consolidación del Pazo como residencia señorial.


Los primeros testimonios documentales (1204-1233)

La historia escrita de Casasoá comienza en los primeros años del siglo XIII, durante el reinado de Alfonso IX de León. La primera referencia conocida aparece en el año 1204, cuando Doña Aldara Fernández menciona dos casales situados en Casasoá dentro de su testamento, destinando inicialmente sus rentas al Cabildo de la Catedral de Ourense.

Apenas dos años más tarde, una nueva redacción testamentaria modifica el destino de aquellas propiedades, demostrando que las tierras de Casasoá ya poseían un considerable valor patrimonial dentro de la comarca.

Aquellos documentos constituyen la primera prueba documental conocida de la existencia del lugar y permiten situar sus orígenes varios siglos antes de la construcción del actual pazo.

En 1213 el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil reclamó judicialmente diversas propiedades de la comarca, entre ellas Casasoá. Alfonso IX ordenó entonces una pesquisa sobre el terreno y confirmó la posesión monástica de varias heredades. Sin embargo, la evolución posterior demuestra que Casasoá terminaría desarrollándose como una jurisdicción señorial independiente.

Durante las décadas siguientes aparecen vinculados al territorio miembros del poderoso linaje de los Ambía, una de las familias nobiliarias más influyentes de la antigua Tierra de Penafiel, circunstancia que hace pensar a los investigadores que el futuro coto pudo constituirse precisamente bajo su protección durante el siglo XIII.


¿Qué era realmente un Coto Jurisdiccional?

En la actualidad resulta difícil comprender el significado institucional que poseía un pequeño coto medieval. No se trataba únicamente de una finca ni de una explotación agrícola, sino de una auténtica jurisdicción señorial reconocida por la Corona.

El Señor del Coto ejercía competencias que hoy corresponderían simultáneamente a un alcalde, un juez y un administrador territorial.

  • Administración de justicia civil.
  • Jurisdicción criminal dentro de los límites del coto.
  • Nombramiento de jueces y merinos.
  • Percepción de rentas y derechos señoriales.
  • Cobro de determinados foros.
  • Protección de los vasallos.
  • Representación del poder jurisdiccional en nombre del Rey.

Aunque el territorio de Casasoá fuese reducido, jurídicamente constituía una unidad perfectamente diferenciada dentro de la organización señorial gallega. Precisamente esa continuidad institucional explica que el señorío sobreviviese hasta la Edad Contemporánea.


La antigua Pousa de Casasoá

Uno de los documentos conservados, fechado en 1454, describe con extraordinario detalle la llamada Pousa de Casasoá, verdadero centro administrativo del señorío medieval.

En él aparecen enumeradas las casas, heredades, cortinas, árboles, montes, aguas, pastos, derechos, foros y jurisdicciones pertenecientes al lugar, demostrando que Casasoá constituía ya una organización perfectamente estructurada.

La "Pousa" era mucho más que una residencia. Funcionaba como centro económico del dominio, almacén de rentas, lugar donde acudían los foreros a satisfacer sus obligaciones y sede desde la que se ejercía la autoridad señorial.

Aunque del edificio medieval apenas se conservan restos identificables, los investigadores consideran muy probable que sobre ese mismo emplazamiento terminase levantándose el actual Pazo de Casasoá.


La documentación de 1454

El pergamino otorgado en 1454 constituye probablemente el documento más importante conservado por el archivo familiar. En él se transmite la mitad del señorío de Casasoá junto con la totalidad de los derechos jurisdiccionales inherentes al mismo.

El texto menciona expresamente la cesión de la voz, acción, jurisdicción temporal, justicia, señorío real, jurisdicción civil y criminal, así como todos los derechos asociados al dominio.

No se trataba simplemente de vender unas tierras, sino de transmitir una auténtica jurisdicción reconocida legalmente.

Gracias a este documento sabemos que el señor podía nombrar juez, merino e incluso notario dentro del ámbito del coto, además de percibir determinadas rentas derivadas de su condición jurisdiccional.


Los Señores de Casasoá durante el siglo XV

A mediados del siglo XV el señorío aparece en manos de Gonzalo de Sarria e Inés Alfonso, vecinos de la ciudad de Ourense. Ambos pertenecían a una acomodada burguesía urbana estrechamente vinculada al gobierno municipal y a la actividad económica de la ciudad.

Posteriormente el dominio pasaría al platero Pedro Arias y a su esposa Mayor Pereira, igualmente residentes en Ourense, cuya posición económica permitió consolidar el patrimonio familiar y garantizar la continuidad del señorío.

La documentación demuestra que la posesión de un coto jurisdiccional constituía un importante elemento de prestigio social. Aunque estas familias no pertenecieran a la gran nobleza titulada, ejercer señorío sobre vasallos representaba un símbolo inequívoco de distinción dentro de la sociedad gallega bajomedieval.


El archivo del Solar

Uno de los mayores patrimonios históricos de Casasoá no es únicamente su arquitectura, sino su archivo documental.

Mientras numerosos archivos señoriales gallegos desaparecieron durante los siglos XIX y XX, el Solar conservó tres pergaminos medievales originales cuya publicación en el siglo XXI ha permitido reconstruir con precisión buena parte de la historia del coto.

Estos documentos poseen un extraordinario valor para el conocimiento de la pequeña nobleza gallega, ya que muestran cómo funcionaban los señoríos de reducidas dimensiones que apenas aparecen reflejados en las grandes crónicas medievales.


Los Prado de Arenillas y la consolidación del señorío

Con el paso de los siglos el coto terminaría integrándose en el patrimonio del linaje de los Prado de Arenillas, familia que conservaría la jurisdicción durante la Edad Moderna.

Bajo esta Casa el señorío alcanzó su configuración definitiva, manteniendo la continuidad institucional heredada de la Edad Media hasta los cambios políticos introducidos por el liberalismo durante el siglo XIX.

La documentación del Catastro de Ensenada permite comprobar que hacia mediados del siglo XVIII el Coto de Casasoá seguía existiendo como jurisdicción independiente, contando con dieciocho vecinos bajo el señorío de Don Juan Manuel Prado de Arenillas.

Don Juan Manuel Prado de Arenillas

Don Juan Manuel Prado de Arenillas representa la culminación histórica del antiguo régimen señorial en Casasoá. Su figura simboliza la continuidad de una institución nacida más de quinientos años antes y destinada a desaparecer con las reformas liberales del siglo XIX.

Como último Señor jurisdiccional del Coto, heredó una tradición institucional profundamente arraigada en la historia de Galicia. Bajo su autoridad sobrevivieron los últimos vestigios de una organización territorial que había estructurado la vida rural gallega desde la Edad Media.

La abolición de los señoríos no supuso, sin embargo, el final de la Casa. Desaparecieron las competencias jurisdiccionales, pero permanecieron la memoria histórica, el patrimonio familiar y el archivo documental que hoy permiten reconstruir con rigor ocho siglos de historia.

"La verdadera grandeza de Casasoá no reside únicamente en la antigüedad de sus piedras, sino en la continuidad de una memoria histórica que ha sabido conservar documentos, tradiciones y patrimonio desde los albores del siglo XIII hasta nuestros días. Allí donde desaparecieron muchos señoríos, Casasoá conservó su historia."
Fuentes históricas

• Archivo Histórico del Solar de Casasoá.
• Pergaminos medievales del Pazo de Casasoá.
• Francisco Javier Pérez Rodríguez, El Coto de Casasoá (Maceda, Ourense) en la Edad Media: estudio y colección documental, Cuadernos de Estudios Gallegos, CSIC, 2021.
• Catastro del Marqués de la Ensenada.
• Documentación medieval de la Catedral de Ourense y del Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil.